Desde 1993, se estableció el 22 de marzo como Día Mundial del
Agua. En este día, la ONU hace un llamado a todos los países miembros para
llevar a cabo acciones de difusión y concientización sobre los retos que
enfrenta la humanidad, para lograr el acceso a este recurso en escenarios de
pobreza y cambio climático.
Como ejemplo, quisiera referirme al año 2018 en donde después de
más de 3 meses de sequía, Ciudad del Cabo en Sudáfrica, estuvo a punto de
convertirse en la primera gran metrópoli del planeta en quedarse sin agua. El
Día Cero, el último con disponibilidad del líquido, se estableció para el 22 de
abril de ese año, y gracias a una gran campaña social de racionamiento y multas
elevadas, se resolvió este problema en solo seis meses.
Recientemente tocó el turno a la zona conurbada de Monterrey,
capital de Nuevo León, el pasado 23 de febrero el director del organismo de
Agua y Drenaje, Juan Ignacio Barragán, informó que restaban 42 días de
extracción de agua en la ciudad, luego de que las dos principales reservas
acuíferas habían disminuido de forma dramática. Para evitar la llegada de un
Día Cero, los tres niveles de gobierno buscan soluciones para enfrentar esta
problemática. Sin embargo, parece ser un desafío que todos deberemos enfrentar
en algún momento.
Acciones de gobierno para racionalizar su uso, así como el
cambio en los hábitos y el acceso a productos fabricados con una mejora
sustantiva en el consumo de agua, respaldados por regulaciones como las Normas
Oficiales Mexicanas (NOM) son una poderosa combinación para enfrentar esta
situación.
Al respecto, el sector de
normalización y certificación realiza pruebas de laboratorio y certificación
conforme las NOM/CONAGUA, cuyo objetivo central es mitigar el consumo del vital
líquido y eliminar su desperdicio. Uno de los puntos esenciales de estas
normas es que se enfocan en los equipos de cuartos de baño, que representan
entre un 65 y un 70% del consumo diario de agua en nuestras casas.
En promedio cada persona realiza cinco descargas en el
sanitario, lo que en un equipo convencional representa hasta 50 litros. En
cambio, cuando elegimos un sanitario que cumple con las pruebas de laboratorio
y la certificación NOM/CONAGUA, obtenemos un mejor desempeño con tecnología
avanzada, con equipo que ocupa entre 3 y 6 litros por descarga, con un ahorro
en el consumo de 40 a 60 litros.
Asimismo, las duchas con un equipo convencional, pueden
representar un gasto hasta de 200 litros por persona; mientras que, con una
regadera optimizada y certificada, el ahorro será de un 50% en el agua
utilizada. Lo mismo ocurre con las llaves de los lavabos, al rasurarnos,
lavarnos las manos o los dientes, gastamos en promedio 30 litros al día. Con
las llaves que cumplen con las NOM, se puede obtener un ahorro de 32 por
ciento.
Hoy día, existen organismos de normalización y certificación
avalados a nivel nacional e internacional, que en su gama de servicios
promueven la protección y el uso racional del agua al incluir grifos, llaves
mezcladoras, válvulas, fluxómetros y sistemas de agua potable.
En momentos en que la escasez
de agua se está convirtiendo en un tema de enorme preocupación para los
gobiernos y la población, es indispensable que los consumidores conozcamos más
a fondo las NOM desarrolladas por la CONAGUA y busquemos en el mercado productos
certificados, que garantizan un eficiente consumo del líquido.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario