Un fuerte fenómeno de El Niño ha provocado la escasez de agua
que tiene a los bogotanos viviendo con medidas de racionamiento
El embalse de Chuza con bajos niveles de agua, en el parque natural Chingaza, en Fómeque, Colombia, el 16 de abril. NATHALIA ANGARITA
Bogotá es conocida en
Colombia como “la nevera”, pero últimamente ha sido todo menos fría. Un fuerte
fenómeno de El Niño, la temporada seca usual y las temperaturas más elevadas a
raíz del cambio climático, han juntado fuerzas para convertir a una ciudad
lluviosa y fría ―según estándares colombianos― en una urbe de cielos
despejados, de clima casi caliente y de crisis ambientales. A principios de
año, estos mismos factores generaron decenas de incendios forestales dentro y
fuera de la capital colombiana. Solo tres meses más tarde, varios expertos
explican a EL PAÍS que ahora son los principales causantes de una crisis
hídrica que tiene a los bogotanos conviviendo con medidas
de racionamiento de agua desde hace una semana, y que, según
ellos, seguirán hasta que vuelvan las lluvias.
El alcalde Carlos
Fernando Galán anunció las restricciones el pasado 8 de abril,
cuando el nivel de almacenamiento del Sistema Chingaza, que en condiciones
normales suministra el 70% del agua de la ciudad, estaba alrededor del 17%.
Diez días después, el nivel está en el 15,28%, tras reducirse todos los días y
llegar al punto más bajo en 40 años. La gerente de la Empresa de Acueducto y
Alcantarillado de Bogotá, Natasha Avendaño, explica por teleconferencia que la
situación es “crítica” y que el Sistema Chingaza se ha desabastecido mucho más
rápido de lo previsto. “Cuando cerramos el año estábamos en El Niño y el nivel
del sistema Chingaza estaba alrededor del 42%, que no era un nivel crítico. No
estábamos ni en alerta amarilla. Según los pronósticos, hacia finales de
febrero podría empezar a llover y terminaría El Niño, pero eso no ha pasado”,
dice.
Benjamín
Quesada, climatólogo y docente de la Universidad del Rosario, asegura que la
velocidad con la que bajaron los embalses “es muy preocupante”. Sostiene que
esa rapidez se debe a la falta de lluvias y a las altas temperaturas causadas
por un El
Niño “particularmente seco”, que han resultado en que se haya
evaporado mucha más agua de lo normal. Sin embargo, a diferencia de Avendaño,
dice que no es una sorpresa que no haya llovido: “Esto no se ha anticipado lo
suficiente. Se veía venir”.
Una barra medidora queda expuesta por el bajo nivel de agua en el embalse de San Rafael. NATHALIA ANGARITA
Quesada argumenta que la comunidad científica prendió las alarmas en
julio del año pasado, cuando empezó El Niño, un fenómeno que en Colombia suele provocar sequías, especialmente en sectores de alta montaña.
“Lastimosamente, nos faltó prevención”, afirma. Dice que la Alcaldía, entonces
encabezada por Claudia López, no implementó medidas de racionamiento ni de
educación a la población para prepararse para algo que, según él, los
investigadores ya sabían que iba a pasar. Ahora, con un Sistema Chingaza
alcanzando bajos históricos todos los días, destaca que, más allá de restringir
el uso del agua, no hay mucho que hacer: “Solo nos puede salvar el cielo”.
La Niña, al rescate
Juan Carlos Benavides, doctor en ecología
de ecosistemas y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, concuerda en
que faltó prevención: “Los políticos confiaron en las proyecciones más
optimistas, que decían que podría llover en marzo. Pero según los modelos, las
expectativas eran que no lloviera hasta abril o mayo, lo que quiere decir que
estamos dentro de las expectativas de hace un año”. Agrega, además, que es
probable que las medidas de restricción sigan y se endurezcan incluso cuando
vuelva a llover en Bogotá y en sus alrededores, como en el parque nacional
natural Chingaza, al oriente de la ciudad. “Los embalses se van a ir llenando
poco a poco, por lo que este racionamiento va a tener que extenderse por lo
menos un par de meses”, afirma. Sin embargo, dice que puede que haya un punto
final relativamente cercano: de julio en adelante empezará el fenómeno de La
Niña, que
generará muchas precipitaciones en Colombia.
Mientras los
bogotanos esperan con ansias la lluvia, la gerente del Acueducto, Avendaño,
dice que la empresa está haciendo todo lo que pueda para reducir la presión
sobre el Sistema Chingaza. La empresa ha reducido drásticamente las
aportaciones de ese sistema, que está suministrando solo un 50% del agua de la
metrópoli de ocho millones de habitantes y sus municipios vecinos. La otra
mitad está llegando desde la planta de Tibitoc, que suele abastecer un cuarto
del agua de la capital con fuentes ubicadas más al norte del parque Chingaza.
Avendaño hace hincapié en que en este momento están adelantando unas obras de
optimización en ese sistema, que prevé que terminarán en diciembre. Según ella,
esos trabajos aumentarán los metros cúbicos de agua disponibles de Tibitoc de
7,5 por segundo a 10,5 por segundo. “Eso nos va a ayudar mucho con la situación
de Chingaza”, dice.

Un río en los alrededores del embalse de Chuza presenta bajos niveles de agua. NATHALIA ANGARITA
Los tres entrevistados concuerdan en que,
además del cielo, los ciudadanos de a pie también tienen que poner de su parte. El
alcalde Galán anunció este lunes multas por el despilfarro del agua por parte
de personas particulares: entre otras medidas, habrá cobros
adicionales en la factura para los hogares que usen más del doble del consumo
básico de agua, que son 22 metros cúbicos al mes.
Justamente, el 80% del consumo del agua se
da entre los usuarios residenciales, según datos del Acueducto.
El 58% de ese uso se destina al aseo personal. Por eso, Avendaño es enfática en
la necesidad de duchas cortas, de máximo tres minutos. La meta, asegura, es que
haya agua para todos, y que el Sistema Chingaza llegue a finales de año con un
nivel de abastecimiento del 75%. “Con eso sabemos que podemos pasar el próximo
año con tranquilidad”, afirma.
Soluciones a largo
plazo
Por otra parte, los científicos argumentan
que no es suficiente pensar simplemente en el corto o mediano plazo, algo que
puede ser difícil para los gerentes del Acueducto, pues el encargado de la
empresa usualmente cambia cada cuatro años, cuando es elegido un nuevo alcalde.
“Puede que lleguemos al 75% a finales de año, puede que no. Pero la pregunta
que uno hace es: “¿En 10 años qué?”, dice Benavides.
Afirma que es
necesario que la ciudad, y con ella todo el país, tengan sistemas de
distribución de agua más eficientes. “Hay que mejorar el uso. Reducir el
consumo por persona, por industria, reciclar y reutilizar mejor las aguas
grises y las de lluvia”, dice. Es un punto en el que insiste también el
climatólogo Quesada: “El Niño está cada vez más fuerte. El
cambio climático también. ¿Estamos listos para un futuro que se
viene? La realidad nos muestra que no”.
Embalse de San Rafael, en La Calera, Colombia, el 16 de abril del 2024. NATHALIA ANGARITA
Este miércoles, a las cuatro de la tarde, las nubes empezaron a hacer el
trabajo que todos en Bogotá le están pidiendo: cayó un aguacero sobre el
embalse de Chuza, el más grande de los dos que conforman el sistema Chingaza.
Sólo es uno de decenas que necesita la ciudad.